domingo, 18 de mayo de 2014

Madera & Hueso — 19 — Ítalo


Desde la cama en la posada podía ver a Joseph dormir, pero mi mirada era de desprecio.
—Revólveres… —susurré. No podía dejar de escuchar el resonar de sus disparos en el bosque.
Era como si el latido de un revólver me causara el efecto contrario al alcohol. Un sonido frío, sintético, metálico. Sombra. Era el sonido que creaban las armas de mi hermano.
Desde aquellos disparos me sentía diferente. La sombra había actuado en mis pulsaciones, y ahora se sucedían despacio y con miedo. No había dicho palabra desde entonces, ni quise cenar. Dormí profundamente, sin pensar realmente en nada.
No desayuné más que un vaso de agua. Salí afuera a esperar a los demás. El cielo continuaba nublado y había bastante humedad. Todos estuvieron listos para salir una hora y media más tarde, y Cregh se puso delante de todos. El hechicero se mostraba fastidiado, con mucho que probar. Quería una revancha respecto a su hechizo de transportación.
Realmente creo que puedo hacerlo. Ya estamos fuera de Veringrad; lo que sea que haya interferido con el hechizo está lejos de nosotros.
Todos lo pensamos dos veces, temiendo caer de nuevo, pero terminamos cediendo. Era importante para él, y ahora que habíamos perdido a los caballos necesitábamos ahorrar tiempo. Cada día contaba. Cregh se concentró y junto fuerzas. Entonces chasqueó los dedos, un brillo salió de sus dedos, y el mismo blanco nos cubrió. Volvió la adrenalina, y sentir estar de nuevo en el aire.
Habíamos llegado a Laertes.

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