miércoles, 9 de julio de 2014

Madera & Hueso — 28 — Li


La noche volvió a ser fría, solo que esta vez no teníamos camas. Dormimos en el suelo alrededor de un fuego que se apagó solo al poco tiempo de todas formas. Me sentía como en casa.
Me levanté por la mañana y usé mis piedras para encender un fuego. Saqué algunos de los panes y los calenté para mí, pero el olor y el calor despertó al resto. Juntamos lo que teníamos y tuvimos un buen desayuno al lado del fuego y del rio.
—¿Soñaste con algo, Dalia? —pregunté.
—Solo con mi hogar.
Las montañas aún estaban a un día de camino, y el pueblo de Valle Hondo estaba un tanto más lejos.

◘◘◘◘◘

Pasaron dos días antes de que llegásemos al valle. Era la mitad de la noche y estábamos empapados y agotados. Desde la tarde había empezado a lloviznar, y luego de esperar bajo los árboles una hora decidimos que sería mejor seguir igual. Yo metí el pie en un charco que resultó ser bastante más hondo de lo esperado, y el viento helado no ayudó no en nada. A esas horas, un bar era uno de los pocos lugares iluminados.
Había humo de tabaco y unas cuantas personas durmiendo sobre las mesas. Nos acercamos a la barra, y el cantinero dudo antes de acercarse.
—Preferiría buscar alojamiento —dijo Cregh.
—No nos vamos a quedar más de diez minutos, Cregh. Tranquilo. Yo quiero un vaso de ron y uno de leche.
Ítalo, Dalia y Aldara pidieron cervezas, y Cregh pidió una leche como yo. Tras pagar, Dalia preguntó por alojamiento y nos fuimos antes de que mi gato se emborrachara.
—Hay una posada a tres cuadras —dijo Dalia, guiando el camino.
—Ey… Lang —dijo Aldara, usando mi nuevo nombre—. ¿Es seguro que tu gato beba alcohol?
—No te preocupes, nunca le pasó nada —la calmé.
Malo empezó a caminar tambaleándose, aparentando estar borracho como nunca lo había estado. Aldara le creyó y se acercó a él.
—No lo agarres o te va a arañar… —advertí, pero Aldara lo tomó y Malo se acurrucó con ella.
—Me recuerda mucho a un gato que yo tuve...
Gato maldito, haciéndose el tierno con las mujeres.
Aldara llevó a Malo hasta el alojamiento, donde un buen hombre nos recibió a esas horas y nos dio cinco cuartos. Terminamos de secarnos junto a una chimenea y luego nos fuimos a dormir. Cuando Aldara dejó Malo en mi cuarto, este volvió a caminar bien.

A la mañana siguiente decidimos comenzar el trayecto a Craster. Cregh iba a transportarnos parte del trayecto, pero su magia no era suficiente para llegar hasta allá de un salto.
Desayunamos y caminamos hasta las afueras del pueblo, donde Cregh haría el hechizo. Nos detuvimos a un lado del camino y, al igual que en Veringrad, un brillo salió de sus dedos, y todos los alrededores se desvanecieron.
Sin embargo, al abrir los ojos, no estaba en un camino ni tres metros sobre el suelo. Estaba acostado sobre algo duro, y tenía una manta encima. Sentí un golpe y hubo un pequeño estruendo, y entonces reconocí el sonido del trote de un caballo. Por pura coincidencia, habíamos aparecido en carretas en movimiento.


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