miércoles, 10 de agosto de 2016

R.O.L. Beta — 55: Li




Malo se sento en un tronco a mirar como despellejaba al buho del oeste. No habia sido un dia facil. El Oeste realmente te quitaba cualquier cargo de consciencia por lo que sea que les hubiéramos hecho en nuestras tierras.
El dios Mú sabra que yo nunca había cuestionado lo que hacia ni el porqué, incluso luego de poner un pie fuera del barco. Pero despues de lo que le había pasado a Dalia, de que toda una ciudad hubiese buscado vernos ahorcados, de que un grupo nos cazase por las calles… sobra decirlo, pero el buho no la saco barata.
«No podemos dejarnos llevar por las ganas de venganza», habia dicho a Italo. Habia pretendido que era importante mantener con vida a ese hechicero para que curase la paralisis de Cregh. Sin embargo, duré menos de un minuto tratando de razonar con el buho. Lo que siguio fue una barbarie. No se cuanto tiempo paso; debio ser una hora, pero solo me detuve cuando perdió la consciencia. Me sente, sudando, a la sombra de un arbol sin frutos.
Malo se me acerco en silencio. No hizó más que mirar al buho con esa sonrisa constante que tienen los gatos, y empezó a buscar algo que le picaba en su pata trasera.
Yo no era el tipo de personas que sentía nostalgia. Al contrario, no me había asentado porque ningún lugar se sentía como un hogar. Pero en ese momento de verdad deseaba estar de vuelta en el este. En el oeste no perteneciamos. Ahí eramos indeseados. Mientras mas nos adentrabamos, mas dificil se hacia llegar al final de cada dia. Y la muerte de Dalia, en especial, nos había recordado que no eramos inmortales.
Desganado y sin nada que hacer, desenfunde mi revolver pequeño y me puse a contar las balas. Las ordene en el suelo, separadas segun el tamaño. Podia ver al resto del grupo por mi periferia; Ítalo y Aldara conversaban juntos, y Cregh yacia paralizado. Solo faltaba Dalia, aunque juraba en cualquier momento iba a aparecerse detras mio con su voz aguda. Pase al barril del revolver grande. En total llegaba a unas treinta balas. A esas alturas, rogaba que eso fuera más de lo necesario. De otra forma, todo lo que me quedaba era la espada antigua que había tomado Dalia… Y por supuesto, el anillo.
Meti la mano al bolsillo interior de mi abrigo. Sentí el anillo; un aro de cobre, calido al tacto. Lo mire a la luz durante unos momentos cuando note que Malo se habia agazapado, mirando a su alrededor. Me maulló algo.
—¿Eh? ¿Qué pasa? —pregunté.
Seguí su mirada hasta el buho, y ví que estaba despierto. Empezo a mover los ojos de un lado a otro, confundido, y apenas tuve tiempo de agacharme a tomar mis armas cuando me miro y se dio vuelta para correr. Malo y yo nos pusimos de pie, y el gato salto hasta alcanzar para moderle la pata. Inmediatamente, ambos se desvanecieron. Unos metros mas adelante reaparecieron en el aire, y al segundo cayeron y rodaron por el suelo, causando que Malo lo soltara. Mientras se reincorporaban corri hacia donde estaba el buho, y antes que intentara hacer algo mas lo tome del cuello para levantarlo.
El me miro desafiante a los ojos, aun en su estado deplorable, y apenas estuvo a mi altura metio una mano a mi bolsillo y me saco el revolver pequeño. Sonrio, apuntó y jaló del gatillo.
La sonrisa se le fue al ver que el arma estaba vacia, le hundi mi puño en el estomago. El buho se doblego y cayó al suelo. Lo levantandole por las plumas y le apunte con el revolver grande, a pesar que esa arma tambien estaba vacia.
Aun asi, el buho logro sonreir de nuevo.
—Cuanta audacia... —susurró—. Cuanta insolencia… Pero si no tienen… futuro.
—¿Cómo? ¿De qué hablas?
El buho trató de reir pero solo logro exhalar aire. Entonces, me miro con una superioridad que me tomo por sorpresa.
Est nunc clarum, omnes... todos van a morir mañana. ¿Te non credis?
¿Ibamos a morir al dia siguiente? ¿Qué se suponía que iba a pasar? Pero el búho no volvío a hablar, y no logré sacarle otra palabra.

◘◘◘◘◘

Eventualmente, el efecto del hechizo en Cregh se desvanecio e Italo saco al buho de su miseria. Sin más rastros que seguir, nos movimos dentro de la montaña, alejandonos de la ciudad negra de Verin.
Cregh e Italo se sentaron a ver el libro que habían conseguido, y yo me aparte hacia un claro. Me coloque el anillo en el dedo anular y entro sin problemas. Malo maulló sin interés.
Ítalo habia dicho que solo tenia concentrarme en un lugar para moverme. Mientras Malo se acostaba a tomar el sol, me concentre en un arbol a pocos metros de mí. Me imagine caminando hasta él, y antes de poder darme cuenta me encontraba sobre sus ramas. No hubo ni un sonido, ni una luz como cuando Cregh nos movia. Ni siquiera había dejado de sentir algo bajo los pies.
Malo se irguió a mirarme, intrigado.
—¿Qué te parece, eh? —dije, sonriendo.
Me incorpore sobre una de las ramas y dí un salto, sacudiendo varias hojas. Con algo de esfuerzo, apareci bajo el arbol para sentir esas mismas hojas cayendome en el pelo. Había sido transportado muchas veces en ese viaje, pero hacerlo uno mismo era diferente y fascinante. Pase unos minutos moviendome de un lado a otro, haciendo un espectáculo que interesó a Malo.
El gato se me acerco y empezo a maullar en dirección al anillo. Se lo puse el anillo en la punta de la cola. Malo lo contemplo un segundo, y paso por debajo de mis pies. Al darme vuelta ya no estaba, y lo halle caminando detras de un arbol cercano. Otro segundo mas y se habia perdido de nuevo, para aparecer sobre unas ramas del otro lado del claro. Era lo que hacia siempre basicamente.
Pero entonces Malo decidio volverse loco con el anillo, y a presumir decididamente. Empezo a pasearse, a correr y a saltar por todos lados transportandose a veces mas rapido de lo que podia alcanzar a procesar, y luego de correr adelante en reversa se detuvo a mirar los arboles. Se preparo para dar un salto, desaparecio, y cayo sobre un nido de aves. Mientras los pajaros volaban aterrados en todas direcciones, Malo se enfoco en uno de ellos mientras se alejaba, el mas grande, y se teletransporto detras de el para atraparlo en el aire. Se le escapo de las patas, pero con otro salto un poco mas adelante lo logro tomar de la cola. Otro momento paso, y aparecio a centimetros del suelo para aterrizar suavemente, y se sento a jugar con su presa. De alli no se movio mas. Parecia no interesarle en lo mas minimo las posibilidades del anillo, mas alla de ser una forma facil de agarrar comida. De todos modos podia entenderlo. A estas alturas, cualquier cosa andante seria una cena mejor que frutos y verduras desabridas.
Aun asi, o quizas por eso mismo, me preguntaba que tan lejos podiamos ir con ese cachivache.
—Hey, ¿crees que podrias ir y volver del Este con esa cosa?
El apenas se inmuto una fraccion de segundo, y dejo escapar al ave solo para agarrarla apenas se volo unos centimetros. Tome eso como un no.
—Ok, hmm... -mire alrededor del claro tratando de pensar en un buen lugar, y en el horizonte por sobre las nubes que se acercaban divise una gran mancha blanca.- ¿Y puedes ir a la luna? ¿Crees que este mas cerca?
Malo apreto contra el suelo al pajaro, y me miro fijo con esa expresion de desapruebo que me da a veces. Si, era una idea tonta. Pero hey, algunas cosas hay que preguntarlas. De otra forma uno no aprende.
Cuando era pequeño mis tios me contaban siempre la historia de una princesa que vivia sola en la luna, y que cuando estaba totalmente a oscuras ella bajaba a caminar por sobre el lago. Como con otro monton de cosas, debi haber supuesto que eso tampoco era muy cierto, ya que nunca jamas la he visto, pero aun asi me gustaba mas que todo aquello de los etereos, por mas largo que fuera el cuento. Ya debia haber olvidado mas de la mitad de todo lo que ocurria.
Malo se puso a comer de una vez mientras hacia memoria, y me acerque para quitarle el anillo de la cola. El sol desaparecio tras las montañas, y todo quedo envuelto por la luz purpura del crepusculo. Malo mastico los huesos del ave mientras me ponia el anillo de nuevo, y de pronto levanto la cabeza de su cena.
Me quede callado mientras Malo observaba algo, y luego de un momento dijo una palabra que desconocia. Le pregunte que repitiera, pero el se quedo quieto y en silencio un rato mas, y luego agarrando lo que aun quedaba del ave se puso a caminar de vuelta por donde vinimos.
—Hey, ¿que fue eso?
Malo me guio hasta llegar a la entrada de una cueva pequeña, momento en que Cregh me vio desde lejos y desaparecio por un minuto. Malo se sento a comer sin dar explicaciones, y en pocos momentos casi toda la luz se habia perdido. Cregh llego con su libro seguido de Aldara, pero ninguno de ellos parecia con ganas de querer hablar, o de siquiera prender un fuego.
Sin prestarle demasiada atencion a lo ocurrido, me dedique solo a comer cuando Italo llego con comida, y cuando empezo a llover me acomode en el suelo para descansar. Supuse que a estas alturas, ya todos sabiamos lo que quedaba, y que no tenia caso darle mas vueltas al asunto cuando podiamos guardar energias.
Pero mientras me dormia aun me quedaba la duda. ¿Que significaba "trepidacion"?
En la mañana creo que lo entendi.
No se en que momento lo senti. Entre estar despierto y dormido no se sabe mucho del tiempo, pero decididamente no fui el primero en notarlo. Malo ya estaba en pie a la entrada de la cueva, apenas distinguible ante la luz del alba, y Aldara se hallaba despierta en el fondo de la cueva. Ella se empezo a acercar gateando, pero se detuvo a medio camino cuando sucedio de nuevo, y Malo se giro a mirarnos en una de las pocas veces que lo veia nervioso, o quizas impaciente. Mire afuera a los arboles, y sali solo para reasegurarme de lo que ya sabia. La tierra latia bajo nosotros.
Sentir los latidos, el suelo moverse debajo de uno regularmente, era la parte del viaje a la que nunca pensamos llegar. El fin de nuestra travesia hacia el Oeste, y todo lo que conlleva. Quizas lo peor de todo esto era de que a pesar de haber una profecia, que ni Wendagon ni el oraculo pudieron ver que iba a resultar de todo esto. Y aun si llegabamos a tener exito como grupo, la supervivencia individual de cada uno no estaba asegurada.
Para cuando entre de vuelta Cregh tambien se habia levantado, con una expresion por lejos mas perturbada que la nuestra. No le hizo falta preguntar que era lo que ocurria. Al igual que nosotros, se quedo callado.
Italo fue el primero de nosotros en hablar cuando Aldara lo desperto. A pesar de que todo esto lo tomo por sorpresa, luego de calmarse parecia guardar aun cierta esperanza de que las cosas resultarian, muy distinto de Cregh que se mostraba resignado, incluso hasta molesto por haber decidido hacer este viaje en primer lugar.
Era cierto, no teniamos las de ganar. Habiamos perdido ya a un miembro mientras que el grupo del Oeste aun se mantenia entero, con una deidad de su lado mas el hermano de Italo, y quien sabe si no tendran otro grupo mas como el de ayer esperandonos. Aun si Aldara podia lidiar con ellos de nuevo, todo lo que se necesitaba era un descuido. Cregh mismo dijo ayer que bien podria haber muerto sin darse cuenta.
Pero por otro lado, y lo que me daba algo de fe, es que por mas divino que fuese Deus el ya cayo una vez en el pasado, por la misma espada que ahora teniamos en nuestro poder. No era descabellado pensar que pudieramos hacerlo de nuevo, si es que podiamos sobreponernos al grupo del Oeste como hemos hecho hasta ahora. Desde ese punto, podia compartir las esperanzas de Italo, aun si no sabia si todos viviriamos para ver el dia de mañana.
Nos sentamos a conversar un poco al lado del fuego, excepto por Cregh que parecia inesperadamente aproblemado con todo esto y se fue a estar solo. No fue mucho lo que hablamos, apenas lo suficiente para aprender algo sobre el pasado y el hermano de Italo, y por supuesto, dar el pequeño detalle de mi nombre. Una sola silaba de dos letras era el secreto, pero aun asi parecia importante. A Malo no le agrado mucho que nunca se lo hubiera dicho, pero no imagine que a un gato que nisiquiera tenia un nombre propio le pudiera interesar eso.
Aldara por su parte me estrecho la mano, mientras que Italo parecio simplemente aceptarlo en silencio. Luego de todo lo vivido, otro nombre no tenía importancia. Pero en lo personal, Li no es un nombre que me agrade.
Cregh volvio a unirsenos luego de un tiempo, ahora un tanto mas calmado, y afuera nos mostro de donde venian los latidos. Mas alla de Verin, en una cadena montañosa cerca de lo que seria el final del continente. Alli es donde se encontraria el Deus.
—No hay duda de que viene de por alla, -dijo tratando de señalar el lugar, que por la hora era apenas visible en la oscuridad.- No se si lo sienten por no tener una habilidad magica natural, pero alli es como si el aire fuera distinto. Como cuando notas un sonido cuando dejas de oirlo, exactamente igual.
—Si, creo que entiendo un poco —dijo Italo, no con mucha seguridad. Un viento helado me hizo cerrarme mas el abrigo, y Malo se me acurruco entre los pies. A pesar de que habia pasado casi un mes desde la salida del puerto, encontraba que los huesos aun me dolian cuando hacia frio, y probablemente seguirian asi por un largo tiempo.
—No tengo idea de cuanto tiempo nos quede, si es que aun se puede hacer algo —dije—. Esta creciendo en intensidad lentamente, y en una horas va a ser como un temblor constante si no para antes.
—Unas horas son mas que suficientes para detenerlo, gracias al anillo. De hecho... podriamos ir a enfrentarlo en este instante, -dijo Italo.
Cregh rio amargamente, y se guardo las manos en los bolsillos.
—Aun no veo como eso pueda salir bien.
—Bueno, es eso o acomodarnos con el resto de la humanidad en la bodega de Azus —dije tratando de alivianar la situacion. Cregh sonrio por medio segundo, y quedamos solo con el ruido del viento y los arboles de fondo—. Pero creo que no podremos movernos hasta que podamos ver bien el lugar. Deberiamos tratar de comer antes de partir, por poco que sea —agregue, en parte para estar lo mejor que pudieramos, y en parte para retrasar lo inevitable, cosa en lo que no parecia estaba solo. Italo suspiro con un cierto alivio, y se giro hacia nosotros.
—Tratare de buscar algo, pero no prometo nada. ¿Me acompañas Cregh?
Sin decir nada el mago lo siguio, y ambos desaparecieron entre las penumbras con solo una pequeña llama para iluminarse. Yo por mi parte volvi a la entrada de la cueva a sentarme. Las manos me temblaban y el corazon me latia con fuerza. Con el anillo estabamos a solo un paso, a un pensamiento de enfrentar lo que hay alla esperando. Era tan facil que si me lo ponia hasta podria ir por accidente.
Nunca pense mucho en la muerte para ser sincero, a pesar de rozarla en mas de una ocacion. Siempre me salvaba por algo, y a pesar del susto luego podia superarlo. Incluso a veces reirme al dia siguiente y seguir andando ante las quejas de Malo. En cierta forma, pense que caminariamos de un lado a otro por siempre, sin un final claro a la vista.
Pero ahora no me podia sentir tan optimista. No solo por que Dalia tambien murio, sino porque, ¿que quedaba por hacer?
No lo se.
Aldara se sento en frente mio, calentandose las manos entre las piernas, y me miro durante unos segundos, como sin saber que decir. Afuera el viento parecia calmarse, y Malo se nos unio sentandose a centimetros de mi.
—¿Nervioso? —dijo Aldara luego de unos momentos, y Malo maullo como si le hubieran hecho a el la pregunta. Aldara rio y le extendio los brazos, y Malo salto a su regazo.
—Si, supongo. ¿Y vos?
—Tambien —dijo rascandole la panza a Malo. Ese gato siempre hablaba de lo mucho que detesta a los humanos (y cualquier otra criatura que se le cruce), pero al momento que alguien lo acariciaba se volvia manso de inmediato, y no tardaba en exigir mas. Era mejor de esa forma en todo caso. Si el es de creer, el resto de la especie de verdad es tan agresiva como dicen los libros. Solo era cosa de perderse en los bosques del norte para comprobarlo, y si tienes suerte y un arma de fuego cargada, quizas salgas con tu vida.
Italo volvio con Cregh luego de unos minutos, cuando ya habia aclarecido un poco. Traian apenas lo que parecian moras verdes, y nos dieron un puñado a cada uno. Con esto, era facil ver porque los bichos de este continente nos guardaban tanto rencor. Una vez oi a un tipo en un bar diciendo que deberian dejar de venderle comida a los bichos del Oeste, a ver que hacian sin los humanos que tanto detestan. Supuse que la situacion no podia ser tan extrema como el decia, pero de todas formas daba en que pensar sobre como veian todos a los bichos, quizas incluyendo ellos mismos.
—¿Saben? Ayer vi a Malo cazando un ave de un nido. -dije antes de hecharme a la boca y devorarme la mitad de mi porcion.- Si hubieramos tenido mas tiempo, podriamos haber buscado unos huevos para el desayuno.
Italo sonrio, mirando las moras que aun le quedaban en la mano, y se hecho unas pocas a la boca.
-Quizas para la tarde, antes de emprender el viaje a casa.
Terminamos nuestro desayuno, y salimos con nuestras cosas de la cueva para ver nuestro destino. A pesar de las espesas nubes, el lugar que nos habia señalado Cregh, un bosque frondoso entre las montañas, estaba completamente despejado, dejando entrar la luz casi como si hubiera sido marcado para nosotros. Era la hora de partir.
—¿Quien tiene el anillo? ¿Italo? —preguntó Cregh.
—Yo. Yo los llevo. -dije colocandome el anillo.
—¿Seguro? —me preguntó el mago—. ¿Sabes como usarlo?
—Por supuesto, ayer estuve practicando. Confia en mi.
Aldara puso su mano en mi hombro, seguido de Cregh con algo de desconfianza, y de Malo que se me apego a los pies. Italo se aferro de Aldara, y espero a que estuviera listo para movernos. Respire hondo, y apunte mas alla del bosque tan lejos como pude. Me imagine caminando toda esa distancia en un segundo, y nos transportamos esperando encontrar lo peor del otro lado. Pero creo que ninguno espero un aterrizaje tan violento.

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