domingo, 18 de mayo de 2014

Mini R.O.L. — Especial Anual 2014



>Registro.


               
¿Dónde?
           
La Ciudad.
           
La ciudad era grande.
En realidad, nadie podía asegurar que realmente tuviera límites, ya que nunca los habían visto.
En la Ciudad, todos eran infelices. Las instituciones estaban en ruinas, la educación abandonada, los servicios privatizados y exclusivos. No había drogas, no había hilos de corrupción. Lo que era Corrupción era la Ley y las calles estaban bajo ella. La violencia reinaba, estar en la calle era ser un blanco y gente moría todos los días. Esto no llamaba la atención de la seguridad, que solo se preocupaba por regular a la población en lo que le concernía.
Los edificios atravesaban el cielo; Miles y miles de personas yacían encastradas en habitaciones diminutas de edificios con cientos de cuartos, como colmenas que llenaban todo se sombra y cielo gris de contaminación. Ojos en todos lados.
           
…Nadie estaba esperándolo.
Nadie podía prevenir algo así, nadie pudo prepararse lo suficiente. Reservas, seguridad, yacimientos resistentes, armas, lo que uno usa para prevenirse del peligro y las catástrofes de cualquier tipo, de lo que trae dolor; material de lectura, comida rápida, gente a la que necesitas hablarle, las cosas que uno tomaba por seguras y que podía esperar en el día siguiente…
Todo, todo dejo de significar, o solo no significo nada en el momento en el que todas las cosas debían demostrar si lo hacían.

¿Quién?

Un hombre corrió entre papeles volando; charcos negros de mugre y suciedad. Corrió entre las calles de granito, derruidas, hacia la puerta diminuta a su edificio. En la puerta tomo un giro hacia la derecha, abrió la persianita y se metió en el ascensor del exterior para subir hasta su piso. Empezó a subir, en el armatoste oxidado, viendo a los edificios junto a él a medida que se elevaba. Sabía que no vería ningún techo. Sabía bien que sin importar cuanto subiera solo vería más ventanas.
Por fin llego. Su departamento, chico y apretado, estaba a oscuras, y una parte del techo aun goteaba por la lluvia de la noche pasada. Tiro el bolso que llevaba en la espalda por algún lugar y se sentó inmediatamente frente a su cabina.
Todo ya había comenzado. Él no lo sabía.
Lo que él sabía era que había habido escándalos en las oficinas de investigación… Esos edificios grises iguales al resto pero algo diferentes, los que tapaban el cielo pero no albergaban a la gente y entonces miraba con recelo. Aquellos edificios, privados y que supuestamente llevaban las riendas de toda ciudad con sus investigaciones. Parecían ser el único trabajo ahí, pero no es como si el supiera algo de eso. Esperaba que su contacto, que a veces en sus conversaciones parecía dar indicios de ser de otro sector de la sociedad, pudiera decirle algo al respecto. También había escuchado rumores de que la gente entrante en la Ciudad estaba intentando huir por donde había venido, aunque la investigación que había comenzado hace varias semanas, y que era su principal ocupación, no le había dado mucha luz acerca de estas supuestas Puertas y su paradero.
Si había podido avanzar, él lo sabía. Él permanecía en movimiento, de casa en casa. Las Puertas tenían que existir. Él sabía que debían estar más cerca de lo que pensaba.

Encendió la consola, y lo recibió la vieja pantalla en negro, pidiendo por un comando.
Había una en cada casa. Estaban incrustadas en las paredes, y nadie sabía de donde habían venido, pero se rumoreaba que eran obra de los edificios de investigación hace muchos años. Ingresando los comandos correctos podían hacerse muchas cosas, y el sabia uno o dos.
Con el algoritmo correcto, por ejemplo, era posible contactar otra terminal. Esto podía lograrse con un simple comando, _CONECTAR, pero cada consola conectaba a otra al azar, todas las consolas tenían una compañera en alguna parte de la ciudad y uno no sabía con quién podría hablar desde cada terminal, donde estaría esa persona. Esta red invisible y sin significado aparente estaba preconfigurada desde hace mucho tiempo, y era otra de las cosas que solo estaban ahí y la gente no intentaba explicar.
Él, sin embargo, había aprendido el algoritmo, y podía volver a contactar a su compañero estuviera donde estuviera. Su compañero no hablaba mucho de su propia persona, pero podía dar mucha información y mostraba tanta curiosidad por los detalles mundanos de la ciudad como el por su compañero. Estaba seguro de que su compañero no vivía en la ciudad… no en las calles, por lo menos. Él se acomodó en su silla, tecleo unos momentos e inicio la conexión. Como siempre, no hubo un momento de espera. Su compañero siempre parecía estar ahí, sentando frente a la pantalla.

_CONECTAR.

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_JD: Saludos.
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Él se removió en su asiento. Se preguntó que siglas tendría la consola en la que estaba esa vez. De todas maneras, ya le había indicado a JD que él estaba en movimiento todo el tiempo, y que no debía prestarle atención a las siglas que le hablaran, solo a reconocer las palabras.
Presiono enter. Las siglas asignadas eran NS, al parecer.

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_NS: Queda una en la recamara.
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Esa era la contraseña, la forma de que su amigo JD le reconociera. Se recostó en su silla, y se preparó para hacer preguntas una vez más.

¿Quién?

>Insertar nombre.


Walter se recostó en su silla.

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_JD: ¿Sos vos, Walter?
_NS: Si. El gris del cielo se vino abajo ayer, y la lluvia que vino con el pareció amenazar con tirar abajo la ciudad, que se tambaleaba. ¿Sabes de eso, J…?
_JD: Escuche la lluvia. Sí.
_NS: ¿Escuchaste?
_JD: Si...
_NS: Eh…
_NS: Claro.
_NS: Siempre tuve la duda… ¿Vivís ahí, no? En los edificios.
_JD: Si.
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Walter sonrió. Ahora vendrían las respuestas, y, sobre él, las nubes se congregaban…

¿Dónde?
           
JD introducía comandos en su consola cuando era llamado para el recibimiento. Walter saltaba desde su casa, cuando el conocimiento colectivo les llegaba a todas las personas. Una conversación era interrumpida… pero la clarificación ya había tenido lugar. Todo eso no había pasado aun, pero el tiempo iba a ser intervenido desde el axis del recibimiento, y los efectos estarían siempre allí. Los efectos pervertirían todo, pero le darían un orden, y hasta empujarían a la Ciudad en el momento de su creación haciéndola posible. La ciudad era el comienzo, y sería el fin. Un nido de suciedad eterno que es arrastrado hasta que ya no puede ser quitado de ahí ni generar algo en su interior que no sea suciedad. Eso era la Ciudad. Walter Setxel siguió leyendo los mensajes que aparecían en su consola, las palabras que continuaban apareciendo pero no tenían un sentido lógico para el imaginario normal de la gente ahí abajo. Pero coincidían con todas las investigaciones que Walter había hecho acerca de las Puertas, y de a poco él pudo ir entendiendo que estaba pasando, que se había dejado el paso a una criatura desde otro universo cuántico. JD le siguió hablando, y en la charla tuvo lugar la clarificación. Cuando Walter comprendió lo que estaba pasando y a los Eldritch.
Llego el momento del recibimiento. Sucedió en la Ciudad. La Ciudad tembló.

El recibimiento.

Todo ya había comenzado. Él no lo sabía. A kilómetros de distancia, JD debía dejar su computadora y terminar con la conversación, porque era llamado a asistir, como todos los científicos en las torres. La ciencia avanzaba, y lograba cambios cada vez mayores, y lo que comenzó en los suelos tuvo que ascender a torres para poder seguir avanzando. La red en superfrecuencias continúo mejorándose, a partir de los prototipos de máquinas interconectadas que fueron las consolas. Las dejaron abajo, en lo sucio de las calles; basura que solo sirvió para probar que todas las cosas podían conectarse sin usar hilos; que todas las cosas podían tocarse solo enviando datos a través de las superfrecuencias, autopistas de datos en vibraciones que los humanos no pueden sentir— vibraciones cuya existencia solo se comprueba por computadoras. Así fue que las investigaciones continuaron, y las generaciones pasaron, y quienes nacían en las torres dedicados solo a gobernar las ciencias de la tecnología terminaron olvidando que había algo allí abajo. JD era una de estas personas, de las multitudes de científicos que finalmente llegaron a perfeccionar a la red como una unión-colmena entre las mentes de todas las personas arriba y abajo, sin el conocimiento de ningún ciudadano. Esto fue la NET.
JD y todos los demás seguían sus propias ordenes, ordenes de ellos que alguien más mandaba porque en el fondo la NET no era diferente a la creación de una gran consola, que como todas esperaba a que alguien le introdujera un comando.
Los científicos, que fueron los primeros en ser expuestos a la red, eran los únicos que podían escuchar estos comandos que les decían que hacer y hacia donde encaminarse. Estos comandos provenían de los Eldritch, que rugían por un acceso a aquel plano y por devorar. Sus voces resonaban por toda la tierra, incluso en los niveles inferiores, plagados solo por gente en decadencia o unidades DELTA de control civil, las fuerzas opresoras de un gobierno que también vivía en las alturas. Los movilizadores de la Ley que era Corrupción. Estos habitantes traducían a estos mensajes apenas como una sensación de malestar en general, y solo aquellos que nacían con gran alcance psíquico, neuroplasticidad, podían ver algo más. Personas como Walter, que escuchaba a las voces del apocalipsis como un susurro tenue, como mensajes subliminales que terminaron llevándolo a querer investigar, a dejar de estar sentado e intentar averiguar que estaba pasando, a buscar las Puertas.

Era momento del recibimiento.
Todo estaba en su lugar. JD preparo su torre, en posición para coincidir con los flujos magnéticos de los polos de la tierra y entrelazar con las superfrecuencias. Su torre preparada, en posición como todas las demás. El algoritmo se introdujo. Un comando para el final.

_CONIUNGUNT.

El Eldritch Blanco atestiguo el suelo de la tierra, un suelo aun en forma, distinto al que sus ojos estaban acostumbrados a ver. Pronto estaría también en ruinas. Paso el suelo, y cruzo las Puertas… y el conocimiento colectivo les llego a todas las personas. Fue un mensaje claro, trasmitido a través de la NET; un saludo y un aviso. El tiempo en la tierra se había acabado. Muchas personas en los niveles inferiores murieron al instante, sus corazones se pararon, sus almas se llenaron con terror. Walter palideció, y entendió que realmente se había acabado el tiempo. Salto desde su departamento al momento siguiente.

Las Puertas.
           
Walter temblaba, parado frente a las puertas.
Por las calles, pero unos metros sobre ellas, sin dignarse a pisar, andaba el Blanco. La abominación no podía ser vista con los ojos, órganos incapaces de procesar los estímulos no correspondientes a su dimensión propia. Era una sombra andante, una sombra blanca, una silueta que no llegaba a definirse.
Tiempo –Murmuraba entre siseos—. Espacio. Ninguno coincide con mi forma… mi continuum y supercuerda son otros. No somos de este sistema –El monstruo explicaba, hablaba a las mentes—. Somos de más allá de las estrellas. La ciudad estará desolada muy pronto… La gloria que podría haber sido es violada desde la raíz, desde antes que suceda, en el inicio. Nuestro alcance no tiene barreras. Lo que podrían haber hecho no significa nada contra nuestro flujo cósmico, mayor que el todos los destinos en esta pequeña capa cuántica… No importa cuánto se hayan esforzado las almas, la ola más grande lo barre con todo.
La ola más grande lo barre con todo.
Jeremiah Dogan lloraba, y se revolvía en el suelo de su torre con una sonrisa; su mente vacía ya.
El discurso seguía, y con cada tono demencial de su voz lo que estaba bien en la existencia se torcía un poco más. El ser blanco y sin forma reía, con su boca imposible de cien dientes, con su cuerpo de harapos y huesos que andaban. El discurso continuaba, y describía a la Legión blanca, y a sus cuerpos de pesadilla y de mil formas que estarían por entrar. Eran Eldritch.
Nadie podía prevenir algo así, nadie pudo prepararse lo suficiente. Todo dejo de significar… o solo no significo nada cuando lo único que importaba era si lo hacía en ese momento.

Walter yacía frente a las puertas, temblando. Debía cruzar.
Es vital que siempre se sucedan dos procesos –Le explicaría más tarde—. La clarificación y el recibimiento. Uno implica el entender a los Eldritch, y el otro el lidiar con su llegada. Cuando estas dos cosas suceden, un mundo va a evolucionar, o la cadena de acciones inversa. El vacío. Toma un botón.

Walter había seguido el eco psíquico de la NET, había abierto los ojos y divisado las superfrecuencias. Eso era el transhumanismo… el proceso de evolución que conllevaba un contacto superior y que debía devenir tarde o temprano. Sus efectos siempre hacían eco hacia el pasado, en forma de capacidades psíquicas, logros momentáneos… lo que la gente llamaba milagros, o magia. Podía ser el tener suerte, una pequeña premonición, saber que está pensando otra persona durante un momento. Los efectos de una singularidad que resulta en transhumanismo son muy variados, hacia adelante y hacia atrás. Walter podía ver la superfrecuencias, y siguió el primer mensaje del Blanco hasta su punto de origen… hasta las Puertas. El momento estaba muy cerca. Ese mundo estaba condenado, pero Walter podía saltar más allá de la singularidad. Él era el único que podía hacerlo.
Walter cruzo.

Y allí lo aguardaba.
Detrás de las murallas, descomunalmente amplias en su abrazo gigante alrededor de la ciudad, casi imposibles de ser alcanzadas, se encontraban las Computadoras. El movimiento de relojería detrás de toda la NET y la ciudad, la fuente de las consolas, y sus sucesores. El gran núcleo de todo y el resultado de la evolución de los humanos hasta ese momento, el elemento apropiado para facilitar la ascensión de estos. Walter entro, pisando sobre el océano de cables, y vio la cámara gigante que albergaba el núcleo. Giro la cabeza, y me vio a mí, sentado tranquilamente en una silla de madera. Llevaba mi chaqueta negra, y mi cuerpo se encontraba desgastado y viejo. Las computadoras habían sido parte de mí durante demasiado tiempo. Le dije mi nombre, y lo guie hacia el momento de la singularidad.

El monstruo tiene que ser cazado –Decía Walter—. S-Si lo matáramos, todo estaría bien… Eh, mira, traje esto…
Removió entre sus ropas, y me mostro un arma de fuego. Mi mirada seguía inmutable y agotada.
No podrías acercarte a él. Los Eldritch nacieron en las superfrecuencias, sabes. Su existencia no contemplaba lo físico, se movían entre vibraciones sensoriales y psíquicas. Así era su tierra natal. Esta es solo una materialización de su forma, necesaria para penetrar nuestro universo. Ellos planearon todo desde el futuro, nos enviaron comandos en ecos con el fin de prepararse para este día, cuando los universos cuánticos se superpondrían y podrían entrar. Pero esta forma fue tomada solo para la ocasión, y no podrías acercarte a él por más que tengas una buena capacidad mental, ya que sus verdaderas capacidades yacen en lo que no puede ser tocado, en lo que no puede ser visto, en lo que sucede en la cabeza, por encima, en las vibraciones que son como aire para ellos. Morirías.
¿Estás seguro…? No está haciendo nada a la gente ahora…
Esto no va a seguir así para siempre. La vida pronto va a dejar de ser así, ‘normal’ –Le dije, en respuesta a su pregunta—. Debemos tomar acción inmediatamente.
Walter asintió. Entendía que estaba en juego.

Es el momento, dije yo entre quejidos. Ya había sucedido nuestro contacto, por lo que el mundo estaba listo para afrontar su destino de evolución o extinción. Habíamos abierto la puerta a predadores, virus que se alimentaban de elementos menores. El mundo no iba a evolucionar… Pero Walter podía aspirar a algo más. Podía haber existir el transhumanismo en al menos una persona. Ya había sentido los efectos de su posterior evolución; iba a suceder.
El mundo macroscópico, el tiempo como objeto, esta predeterminado desde el inicio, sin excepciones.
Le di el Traje Blanco, y le otorgue entonces los botones rojos, y conocimiento junto a ellos. Con cada botón le explique su posición, su lugar en el esquema de las cosas. Le mostré la Computadora central, y le dije el algoritmo para abrir una puerta más allá del universo.

Transhumanismo.

Introduje el algoritmo metacuántico, y lo inserte en las superfrecuencias, uniéndolo fundamentalmente a Walter.
_CONIUNGUNT, ingrese el comando una vez más. Los botones se cosieron al Traje Blanco, esplendiendo ellos radiación roja. Estaba hecho.
Tenes que irte.
Walter me miro. Comprendía lo que tenía que hacer. No quedaba nada más para nadie en aquel lugar, y no tenía por qué quedarse. Estaba por cruzar el umbral del núcleo cuando se volvió una última vez.
“Te la entrego”, me dijo, “Me queda una última bala. Queda una en la recamara.” Solemne, pero con una sonrisa, acepte el arma.

Los Eldritch eran figuras de muchas formas y apariciones, y como todas las creaciones del Big Bang existían en cada realidad, en cada capa del universo cuántico. Como humanos, como una pequeña diferencia de lo que podría haber sido un humano. Pero a veces las posibilidades se entrecruzaban. Walter cruzo el umbral, y salto para atestiguar cualquier Legión que apareciera entonces, ya fuera esta Blanca, Negra o incorpórea por completo, para intentarlo una, dos, mil veces. Walter desapareció, y yo cerré las puertas tras él.
La locura caminaba por las calles en ese mismo momento, pero poco importaba ya. La presencia de Walter se había ido de las superfrecuencias. Apague el núcleo, cerrando a la NET por completo. Ahora solo estábamos la oscuridad y yo. Oscuridad sin densidad, vacío. Como el Vacío que se acercaba. Acariciando suavemente la textura de la pistola, encendí mi consola…
Comencé el último registro.
 
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